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Carlos escribe sobre sus encuentros con seres de la naturaleza tropical y relata observaciones científicas y leyendas, fundiendo la imaginación humana con la naturaleza.

Mántidos de Yaracuy


Varias especies de mántidos acechan y  cazan su alimento en las selvas de las montañas del Estado Yaracuy.
Hasta ahora, en medio de un esfuerzo muy básico, orientado a conocer las especies de insectos del Cerro Zapatero, al sur de San Felipe, enfocamos nuestra atención hacia los mántidos, unos insectos depredadores lejanamente emparentados con las cucarachas, cuyas patas anteriores constituyen poderosas macanas espinosas, diseñadas para poder capturar y sujetar los pequeños animales que conforman su alimento.

Su nombre común en el viejo mundo suele ser "mantis religiosa". En Venezuela usamos el nombre "ruega a Dios", como de niños los llamábamos, debido a la pose que adoptan cuando acechan, juntando las macanas que conforman sus patas anteriores.

La clasificación científica nos dice que pertenecen al orden de los Ortópteros, conformado por dos grandes grupos: las muy conocidas cucarachas y los mántidos.

Según nuestro asesor en la materia, el Dr Francisco Cerdá Entomólogo especialista en mántidos, estos insectos se ubican en un orden aparte de Orthoptera, los Dictyoptera, con los subórdenes Blattodea (cucarachas) y Mantodea (mántidos). 

Algunos autores incluyen un tercer suborden, los Isoptera (comejenes) pues su filogenia apunta hacia un origen común, pero no hay un acuerdo mayoritario.

Más de mil quinientas especies se conocen en todo el mundo. Presentan colores y formas crípticas que les ayudan a confundirse con el medio en el cual viven, y poder pasar desapercibidas y acechar su alimento con el debido camuflaje, bien sea imitando flores, hojas verdes, hojas secas, cortezas y otros elementos del medio que por lo general lucen inocuos.

En las imágenes que mostramos acá, hay nueve especies distintas. Algunas son fácilmente distinguibles, pero otras sólo a través de observar cuidadosamente los detalles de sus formas y colores. Las dos más parecidas son las de patas atigradas y con proyecciones en forma de espuela, pero sus tamaños y proporciones las diferencian, igual que su coloración. En una, las patas son verdosas, en otra son pardas. La que parece a una hoja seca suele moverse como una verdadera hoja seca mecida por el viento. La mayoría se queda en la misma posición durante horas, al acecho, esperando que su alimento se acerque lo suficiente. Las dos especies que posan juntas en una foto son indiferentes una a la otra, prácticamente ni se miran.

 







 

 

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