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Las esperanzas del sapito rayado ¿Qué le queda ante el ataque del hongo que amenaza a los anfibios?


Los campesinos de un páramo, nos decían sobre un primo del sapito rayado: “ya no lo vemos hace muchos años. Cientos empezaron a aparecer muertos en los caminos y en las cercanías a nuestras casas… no sabemos la razón”.

El sapito rayado o Atelopus cruciger, es una especie endémica, que solo vive en las selvas nubosas de la cordillera de la Costa, en Venezuela. Sus poblaciones se hicieron menos numerosas y luego desaparecieron a principios de los años 80. Una enfermedad es la causa más probable del declive, y de más de 20 poblaciones del sapito rayado quedan solo dos a bajas elevaciones. En una de ellas ya fue diagnosticada la presencia de la enfermedad. A. cruciger pertenece a un género llamado Atelopus, que se encuentra en la franja tropical del continente americano. Coloquialmente, este grupo se conoce como sapos arlequines.

Desde mediados del siglo XX, la disminución de anfibios (ranas, sapos, cecilias y salamandras) se presentaba de manera aislada, con causas diversas y probablemente locales. Sin embargo, en los años 80 este fenómeno se hizo más frecuente y ocurrió a escala global. El tema fue entonces ampliamente investigado y entre 1998 y 1999 se identificó a un hongo patógeno bautizado como Batrachochytrium dendrobatidis (Bd). Este hongo produce una enfermedad llamada quitridiomicosis que afecta la piel de los anfibios y el paso de sustancias a través de ella. Se alimenta principalmente de queratina (una proteína presente en la piel de anfibios y otros animales) y causa anorexia, letargo, mudas excesivas y lesiones de piel y en muchos casos la muerte. Este hongo de origen africano ataca exclusivamente a los anfibios, y su propagación se debió al tráfico de especies de este grupo hacia otros continentes.

Se tiene información sobre las condiciones ambientales idóneas para el crecimiento y transmisión del hongo, como las bajas temperaturas y la presencia de cuerpos de agua donde sobreviven las esporas, una de las etapas de desarrollo del hongo. Al parecer las condiciones climáticas de donde se encuentran las poblaciones actuales de A. cruciger, funcionan como una especie de “refugio térmico”, que le impiden al hongo reproducirse rápidamente y les permiten a los sapos sobrevivir con una baja densidad del parásito. Algunas poblaciones sobreviven al ataque del hongo, mientras que otras son llevadas a la extinción, pero se desconoce cuáles son las razones de estas diferencias. Cuando el sapito rayado fue redescubierto en el río Cata, era menos abundante que ahora, lo que nos hace suponer que había sufrido un colapso y actualmente está en recuperación. No obstante, no sabemos con certeza cuándo se podrá presentar nuevamente una epidemia de quitridiomicosis y dejar al sapito rayado sin esperanzas.

Actualmente, en el laboratorio de Ecología y genética de poblaciones del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, se está trabajando para evaluar y determinar cuáles son los factores demográficos, epidemiológicos y climáticos que definen la ocurrencia de epidemias de quitridiomicosis cutánea y las probabilidades de extinción de A. cruciger, utilizando datos epidemiológicos registrados durante 10 años en la población del río Cata. Pero, ¿por qué evaluar estos factores y calcular probabilidades envés de aplicar medicamentos para curar a los sapitos? Resulta que la transmisión de Bd ocurre al contacto con el agua infectada con esporas de Bd o con otro individuo infectado de la misma o de otra especie. Es decir que no se podría controlar o evitar la reinfección. Entonces hay que ir más allá, y con base en la información y resultados de las investigaciones diseñar planes de conservación que se ajusten a este escenario particular.

Recientemente, el hongo pudo ser erradicado de una población de ranas Alytes muletensis, en la Isla de Mallorca, España. El uso de antimicóticos (medicamentos contra los hongos) y las condiciones del sitio facilitaron la desinfección de las ranas adultas y renacuajos (única especie de anfibios en la isla) y del ambiente donde se encuentran (charcas temporales). Aunque este escenario permitió la erradicación de Bd, la condiciones son diferentes para otras especies, porque conviven con otras especies de anfibios o porque viven en cuerpos de agua permanentes. Así, la transmisión se hace más compleja y la erradicación mucho más difícil.

La esperanza más alentadora de las poblaciones del sapito rayado, hasta ahora, parecen ser las condiciones ambientales de los sitios donde sobreviven. Sin embargo, siguen siendo vulnerables a una nueva epidemia del hongo. Por tanto, se debe hacer seguimiento permanente y ante la alerta de epidemia, aplicar las estrategias de mitigación. Por ejemplo, retirar los sapos a un ambiente controlado, libre del hongo, donde sean tratados y posteriormente liberados; mientras hay pocos sapitos en la población disminuye la transmisión de la enfermedad, aunque esta no desaparezca. Otras alternativas son la cría en cautiverio para realizar posteriores reintroducciones y continuar con las actividades preventivas al restringir el tráfico de especies, la manipulación innecesaria de los animales, tener las debidas precauciones con el aseo minucioso de los instrumentos de campo. Finalmente, es necesario continuar con las investigaciones en esta población para que el diseño de la estrategia de conservación corresponda con el contexto de la zona. Los anfibios son un grupo muy importante en la cadena alimenticia, bien sea como presa de muchas especies o como depredadores de muchas otras, entre ellos los insectos.

 

Literatura de referencia

Bosch J., Sanchez-Tome E., Fernandez-Loras A., Oliver J., Fisher M., Garner T. 2015. Successful elimination of a lethal wildlife infectious disease in nature. Biology Letters. 11:1-4.

Longcore, J., Pessier, A., and Nichols, D. 1999. Batrachochytrium dendrobatidis, a chytrid pathogenic to amphibians. Mycologia. 91: 219-227.

Rodríguez-Contreras, A., Señaris, J., Lampo, M., and R. Rivero. 2008. Rediscovery of Atelopus cruciger (Anura: Bufonidae) with notes on its current status in the Cordillera de La Costa, Venezuela. Oryx. 42: 301–304.

Woodhams, D., Bosch, J., Briggs, Ch., Cashins, S., Davis, L., Lauer, A., Muths, E., Puschendorf, R., Schmidt, B., Sheafor, B. and J., Voyles. 2011. Mitigating amphibian disease: strategies to maintain wild populations and control chytridiomycosis. Frontiers in Zoology. 8: 8- 23.

Yerena, Edgard and Carlos Rivero Blanco. 2009. Extension of the known geographic distribution of Atelopus cruciger in Northern Venezuela. Herpetotropicos.Vol. 4(1):07-09

 

 Sapitos rayados de las inmediaciones de la Estación Biológica de Rancho Grande observados hace unos cuarenta años.

A la izquierda Atelopus carbonerensis y a la derecha Atelopus mucubajiensis. Individuos en cautiverio en el laboratorio del profesor PEDRO DURANT de la ULA, Meérida.

Fotografías de Carlos Rivero Blanco

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