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San Benito en Mucuchíes: tradición cultural en las alturas Andinas


Denis es Geógrafo, egresado de la ULA, en Mérida. Es muy experimentado en biogeografía, conservación de la biodiversidad y la cultura. Habla español, inglés y portugués. En esta oportunidad nos presenta la atmósfera de la fiesta de San Benito de Palermo en Mucuchíes, Mérida, Venezuela.

 

Introducción

El estado Mérida, en la región andina de Venezuela, es un territorio rico en manifestaciones de amplio arraigo cultural, muchas de las cuales surgieron en tiempos prehispánicos y otras durante el período impuesto por los colonizadores europeos. Una de estas tradiciones es celebrada anualmente en los páramos aledaños a la Sierra Nevada y se enmarca en el culto a un santo afro-descendiente de origen italiano: San Benito de Palermo.

Siempre quise ser testigo presencial de esta festividad, aunque el tiempo no me lo permitió hasta el año 2011. En este artículo, pretendo compartir vivencias y datos etnohistóricos de interés con el propósito de reivindicar el orgullo nacional hacia nuestra herencia cultural.

 

Orígenes del Culto a San Benito en Mucuchíes

El siglo XIX venezolano estuvo marcado por una serie de contiendas bélicas y en los Andes, algunos de esos acontecimientos se llevaron a cabo en Mucuchíes, estado Mérida, e involucraron directamente a sus habitantes al igual que a otros de sus vecinos parameros. Esto, de alguna manera, ha provocado una marca afectiva en sus habitantes actuales que rememoran y reelaboran el pasado a través de mitos y rituales festivos en torno a los santos, sobre todo a San Benito de Palermo, proyectando en el presente un espacio-tiempo cargado de poder que evoca a los antepasados guerreros (Rivas 2010).

Un hecho harto privilegiado tanto por la historia oral como en la escritura es el paso de Simón Bolívar por Mucuchíes desde el occidente del país en dirección a Caracas durante la Campaña Admirable en el año de 1813. El Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, en sus “Apuntes Estadísticos del Estado Mérida de 1877”, afirma que los mucuchiceros participaron en varias contiendas bélicas del siglo XIX y señala, por ejemplo, que acompañaron al General José Félix Ribas en la Batalla de Niquitao, a Urdaneta en los enfrentamientos que se suscitaron en el Lago de Maracaibo y que incluso él llegó a conocer a varios indígenas Mucuchíes que habían participado en la campaña del Perú.

El 2 de julio de 1813 en el Llano de Tirindi, a escasos 8 km de Niquitao, actual estado Trujillo, se llevó a cabo una batalla independentista que estremeció las montañas andinas. El General Ribas dirige la retaguardia del ejército patriota contra las fuerzas mayoritarias del Coronel realista José Martí. Unos inexpertos mucuchiceros reclutados pocos días antes luchan afanadamente en medio del fragor de la contienda. La tradición oral refiere que una promesa campesina se elevó al cielo en invocación al santo negro de Palermo: San Benito.  Este sería el génesis de una de las más hermosas festividades tradicionales de Venezuela: la Fiesta en honor a San Benito en Mucuchíes. La historia a través de este hecho pone énfasis en el carácter bolivariano e independentista de los parameros. 

En tal sentido, Mucuchíes, como el resto del país, se aviene con las necesidades culturales del Estado de crear un aura de poder legítimo e irrefutable a través del culto a los héroes, en este caso, a Bolívar y a los antepasados de los mucuchiceros que participaron en esas “Guerras de Bolívar”, siendo así ellos parte de ese poder, de esa legitimidad, de esa unidad y de esa autoridad de lo “auténtico”, “lo histórico”, “lo patriótico” (Rivas 2010).

Un Santo Negro que Protege a los “Blancos”

La historiadora Belkis Rojas (2010) refiere en su investigación de la historia oral en Mucuchíes que un lugareño le indico que el culto por San Benito surge cuando un coronel de apellido Salas, oriundo del lugar, se molestó al enterarse que su esposa era devota de un santo negro, él no creía pues que un negro pudiese ser santo. Cuando estaban perdiendo la guerra los de aquí, el coronel en actitud retadora invocó la gracia de San Benito, “pidió el milagro pa’ que lo ayudaran a ganar la guerra, pa’ no perder la tierra y le ofreció que él le organizaría fiesta con pólvora en esta tierra”. ¡De pronto vio a un negro muy gallardo en medio de los hombres, oreando una bandera tricolor, quien los dirigió y así fue que ganaron esa guerra. “El negro le hizo el milagro y el coronel le organizó la fiesta; de ahí viene la fiesta al santo...”. Los eventos bélicos sucedidos en Mucuchíes son una realidad que el mito registra y mantiene y que las fiestas anuales, en honor al santo, reactualiza.

Pero el mito de “aparición” de San Benito no sólo es un registro oral asociado a las guerras sino que nos habla también de otros “cortes” de la realidad como el de los prejuicios raciales hacia los negros heredados de la colonia. Según el mito, fue una mujer, es de suponer blanca, quien comenzó la devoción al santo, aunque su marido no podía concebir la existencia de un santo negro “…el coronel que trabajaba mucho en la guerra estaba bravo ¡cómo iba a ser santo un negro!, no creía él pues”.

El mito revierte el orden de las cosas y es “un negro muy gallardo que oreaba una bandera tricolor”, quien aparece en medio de los ejércitos y dirige a los hombres blancos para que ganen la guerra y conserven su territorio. Por ese motivo los promesantes de la fiesta en honor a San Benito pintan sus rostros de betún y carbón con manteca emulando ser negros para alcanzar atributos divinos.

Según Cunill Grau (1987) en el año de 1810, había en Mérida unos 600 esclavos negros y una población indígena que rondaba los 10.000 habitantes repartidos en 16 pueblos de indios. Con la Guerra de Emancipación, gran parte de esos esclavos se enrolaron en las tropas tanto del bando realista como del patriótico, mientras que otros eran sacados de las haciendas para ser vendidos en Maracaibo. Según datos de Alexander Von Humboldt para el año 1830 había en Mérida 364 esclavos negros de los cuales 34 estaban en Mucuchíes y 123 en Ejido (en Cunil Grau, 1978:173). Diez años después, en 1840, según el censo realizado por Codazzi (en Rodríguez Lorenzo, 1982: 112, citado por Ribas, 2010), a Mucuchíes, en tanto que cabecera de cantón, se le asignaron 26 esclavos.

 

En las lecturas de la vida de los santos escuchadas y repetidas por los parameros de Mucuchíes, San Benito fue como ellos, agricultor y cuidador de ganado, aquí se convierte en un símbolo de libertad e independencia al participar, junto a sus antepasados, en las luchas por la independencia del país.

El santo “aparece” para proyectar un sentido de pertenencia, proteger y reafirmar al pueblo en su espacio y reiterar la participación de sus habitantes en la construcción de su historia y la del país; los santos “aparecidos” en el lugar los protegen tanto de las catástrofes naturales o “bajadas del Encanto”, como de las agresiones de los de “afuera”, sean estos los colonizadores españoles o los gobiernos y ejércitos realistas.

La Reivindicación de la Promesa

Los traumas de tan larga guerra independentista contribuyeron para que las neblinas del olvido borraran en pocos años el valor de la palabra empeñada a San Benito en 1813 en Niquitao. El santo negro recién canonizado en mayo de 1807 por el papa Pio VII siguió derrochando bondades y ganando devotos entre los humildes campesinos andinos e indígenas que se sentían identificados con el aquel negro hijo de esclavos que como agricultor y monje bondadoso había llegado a lo más alto del panteón de la iglesia católica. Muchos pueblos lo hicieron su patrono. El tiempo pasó sobre las montañas y a finales de noviembre de 1901 otro grupo de Mucuchiceros volvió a verse reclutado en medio de guerras. Caudillos liberales contra caudillos conservadores. Recordando a sus antepasados en Niquitao una plegaria se elevó a los cielos en invocación a San Benito. El coronel Rafael Salas, líder del Batallón de Mucuchiceros en el ejército merideño del general Esteban Chalbaud Cardona apoyó la renovada promesa y reinició la festividad que hoy se sigue conmemorando. 

Mucuchíes es un asentamiento de origen indígena fundado por el general Bartolomé Gil Naranjo en el año 1586. Hoy, este pueblo de vocación agrícola es la capital del Municipio Rangel del estado Mérida. Mucuchíes esta ubicado a 2.983 m de altitud en un valle ondulado y estrecho en la cuenca alta del Río Chama, entre los parques nacionales Sierra Nevada al Sur y Sierra de La Culata al norte. Su iglesia principal en honor a Santa Lucia fue construida en el año 1877. Todo el paisaje en torno al pueblo refleja el tesón y la capacidad de trabajo de sus pobladores, tierras profusamente cultivadas y entrelazadas por innumerables muros de piedra de herencia indígena. En los últimos días de diciembre de cada año los Mucuchiceros celebran en honor a sus santos preferidos y principales patronos: Santa Cecilia el 27, Santa Lucia el 28, San Benito el 29 y la virgen de Guadalupe el 30.

La festividad en honor a San Benito se funde con la de Santa Lucia y desde el 28 de diciembre se hace sentir y escuchar en decenas de kilómetros sobre los silentes parajes de la montaña andina. Desde muy temprano la imagen de San Benito es preparada para la festividad a realizarse el día siguiente en animada y fogosa procesión. San Benito era hijo de esclavos africanos y nació libre en Sicilia, Italia, en el año de 1524. Murió en abril de 1589, pero vive eternamente en el corazón de todos sus devotos en Mucuchíes, en Venezuela y en el mundo cristiano. En un parcelamiento llamado El Pantano, los devotos de San Benito tienen su sede, muestra de organización y trabajo comunitario. Una celebración creada por hombres rudos y signados por la pólvora y honores militares abrió paso a la participación de mujeres y niños porque para los Mucuchiceros San Benito es el santo de toda la familia. Así ha sido desde 1980 como acción de uno de sus principales promotores y actores: Don Ismar Quintero.

La festividad de San Benito implica organización, entrenamiento, ensayos, horas y días de apasionada dedicación por parte de personas de todas las edades y sexo, quienes provenientes de distintos lugares y comunidades son orgullosamente “Sanbeniteros”. Cuando el frio más se hace sentir a las 4 de la madrugada del 29 de diciembre un Toque de Diana despierta a la población: es el día de San Benito. Los promesantes se trasladan a Misintá, una aldea posada en la base del picacho El Bartolo. Allí darán inició a la ceremonia y bajarán al santo hasta el pueblo en manos de los negros artilleros con sus trabucos disparando en señal de victoria. En Misintá residen las familias descendientes de aquellos devotos soldados de 1901. En las casas desde las 2 de la madrugada, hombres y mujeres, fieles a su promesa se pintan el rostro emulando al negro santo de Palermo. Al hacerlo agradecen algún favor que San Benito les ha concedido o se inician como promesantes, solicitando alguna mediación con lo más sagrado. Llegan los negros a la capilla de Misintá, el pelotón empieza a formarse y los rituales ocupan la atención de los presentes. Los negros artilleros hombros a su santo patrono. Las descargas de pólvora iluminan la oscuridad de aquel gélido amanecer. Es un momento imponente donde el frio común a una altitud cercana a los 4000 metros impele desplazarse junto a los promesantes. De igual manera, los batallones de artilleros provenientes de la Musui, La Mucumpate, La Asomada, San Rafael, La Toma, Misteque, El Pedregal, Mitibibó y otras tantas aldeas empiezan a llegar a Mucuchíes, haciendo llegar su presencia con descargas de pólvora y el paso a trote redoblado. Empieza la ceremonia del encuentro y el reencuentro frente a la sede principal de la Sociedad de San Benito.

Apoyadas por la salida del sol, las danzas espantan el frío y el ánimo se acrecienta. La festividad de los “negros” se muestra en todo su esplendor. La presencia de los Giros de La Mucumpate, emulando míticos arcoíris con el tricolor nacional en su vestimenta danzan efusivamente en torno al santo negro, simbolizando una bajada festiva del “Ches” (Deidad suprema en la mitología andina merideña) coincidiendo con solsticio de invierno y descubriendo el sincretismo religioso que funde la tradición indígena con la cristiana. Niños, niñas y adultos bailan horas y horas en apasionada entrega mística que algunos extraños no alcanzan a comprender.

Las mujeres aportan con su vestimenta el  rojo de la pasión y el blanco de la pureza en medio de cadenciosos movimientos danzantes que simbolizan la unión entre las familias y los pueblos para afrontar lo cotidiano con la ayuda del santo patrono. Unión para superar lo complejo a partir de lo simple en una danza hecha promesa antes que simple ritual mundano. El frío va cediendo ante el sol que acrecienta los colores en torno al santo negro y sus devotos. El movimiento expande un calor amoroso expedido por cada participante. Calor de identidad, de arraigo, de orgullo cultural que se hace sentir y escuchar desde lo más alto de la cordillera. La celebración continúa en bulliciosa peregrinación por las calles de Mucuchíes. La plaza Bolívar es el centro de reunión frente a la iglesia de Santa Lucía. Desde hace muchos años la santa misa en homenaje a San Benito no se hace dentro de la iglesia debido a que la cantidad de promesantes y observadores excede su capacidad. El altozano de la iglesia sirve de altar frente a las cofradías, los batallones de artilleros, danzantes, la banda de guerra, devotos y turistas quienes hacen masiva concentración durante largo tiempo hasta el final de la tarde. Culminados los actos religiosos todos los participantes recorren las calles lanzando efusiva invitación para reencontrarse el siguiente 29 de diciembre, proyectando nuevamente la promesa al santo negro. Es seguro por demás que el próximo año nuevos promesantes engrosaran las filas de quienes mantienen tan apasionada tradición, la única fiesta a San Benito en Venezuela y el mundo donde los trabucos y la pólvora definen honores militares al santo negro. Una promesa surgida el 2 de Junio de 1813 bajo el fragor de una batalla por la independencia de Venezuela.

En Mucuchíes la revitalización tanto de los mitos como de las fiestas en honor a los santos patronos responden a necesidades concretas de identificación y de pertenencia que se reafirman hoy más que nunca frente al auge de nuevas formas de economía y validación histórica del páramo y de su cultura como espacio turístico con su consabida necesidad de consumo de “autenticidades”.



BIBLIOGRAFIA

BURGUERA, M. 1982. Historia del Estado Mérida. Ediciones de La Presidencia de La República. 214 pp.

 

CUNILL GRAU, P. 1987. Geografía del poblamiento venezolano en el siglo XIX. Tomo 1. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas.

 

CHALBAUD ZERPA, C. 1997. Historia de Mérida. Universidad de Los Andes, Consejo de Publicaciones. 2da. Edición. 505 pp.

 

ROJAS TREJO, B. 2010. Los santos de Mucuchíes: entre el mito y la historia. Anuario GRHIAL, 4: 77-96. Universidad de Los Andes. Mérida. Enero-Diciembre.

 

JÁUREGUI MORENO, J. 1948. Apuntes Estadísticos del Estado Mérida. Mérida. Imprenta del Estado. 65 pp.

 


Sobre el Autor:

Geógrafo venezolano, egresado de la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela), con especial interés en biogeografía, conservación de la biodiversidad y cultura. Habla tres idiomas: español, inglés y portugués. Ha participado, principalmente como ponente, en diversos eventos nacionales e internacionales relacionados a temas científicos y ambientales (convenciones, simposios, congresos, foros, etc.). Ha escrito más de cuarenta informes y publicaciones científicas y divulgativas sobre conservación y ecología. Es miembro calificado de numerosas organizaciones ambientalistas, incluyendo la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) y el Mountain Forum, entre otras. Desde hace más dos décadas ha venido desarrollando una serie de investigaciones enfocadas en la historia natural del oso frontino (Tremarctos ornatus) en paralelo con un trabajo de educación ambiental para promover la conservación de esta especie amenazada de extinción. De igual manera, ha documentado diversos aspectos biogeográficos sobre algunas especies de mamíferos y aves de la Cordillera Andina y los Llanos de Venezuela. Su interés por la conservación ambiental le ha permitido vincularse con renombradas organizaciones internacionales como la UICN, National Geographic Society, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), los canales de televisión NHK de Japón, Nickelodeon de EUA y BBC de Inglaterra. También es destacable su faceta de ilustrador y fotógrafo de la vida silvestre y cultura tradicional, habiendo participado en seis exposiciones colectivas nacionales y publicado algunas de sus obras en publicaciones ambientalistas nacionales e internacionales, entre las cuales se cuenta el Libro Rojo de la Fauna de Venezuela y el libro: Los Rostros de la Extinción.

Mucuchíes, Mérida, Venezuela


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