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Liduvina Valderrama Salazar † (1947-2017) Presidenta de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle desde 2007 hasta 2017

Liduvina Valderrama Salazar, fue pionera en materia de Ecoeficiencia y Producción Limpia en el  país, del "hacer más con menos" y "separar desde el origen" hizo  su prédica y práctica de vida. La educación ambiental, especialmente dirigida a niños de "cero a cien años" (como ella decía), fue también una de sus pasiones.

En su residencia formó una legión de niños y jóvenes con quienes emprendió un programa de reciclaje y uso eficiente de energía y ellos, a través de charlas y prácticas, educaban a sus familiares y a la comunidad; a este proyecto lo llamó SOL: Seguridad, Orden y Limpieza.

Iniciativas de concienciación como ésta, también la identificaron en su carrera profesional, particularmente en la industria petrolera donde trabajó por tres décadas, por ejemplo en Lagoven creó e implementó: Gota a gota que se agota; Salvar el bosque desde el escritorio; la Parranda del Papel; 3R; proyectos donde participaban  trabajadores de  todos los niveles para dar a conocer, mediante actividades lúdicas, la importancia del consumo responsable. Estas ideas luego las implementó en otras empresas, tanto públicas como privadas, del país.

 Otros de sus temas de interés y de dedicación fue promover el cambio de paradigma en los procesos de Producción de las empresas. Liduvina luchó por impulsar que el sector empresarial tomara la decisión de pasar  a un sistema de  producción circular, cero desechos, el cual imita los procesos productivos de la naturaleza donde nada se pierde, todo se reusa y por eso se reciclan los "desperdicios".

En el plano académico ofreció su contribución al dictar seminarios, talleres, cátedras y  conferencias  en distintas unidades educativas, universidades y en foros e instituciones internacionales. También participó como miembro de organizaciones ambientales como Vitalis, Asociación Venezolana del Agua - Global Water Partnership Venezuela (AveAgua), Fundación la Salle, Asociación Civil Sendero Ecológico y en la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, de la cual fue Presidenta desde el 2007 hasta este año. En esta organización acompañó al eminente botánico hermano Jesús Hoyos Fernández y allí se reencontró con lo que siempre fue su pasión: los árboles.

Liduvina también fue asesora y colaboradora de empresas como Arbórea Consultores Ambientales, Jardines Ecológicos Topotepuy y de organizaciones gubernamentales como la Alcaldía Metropolitana de Caracas y la Alcaldía de Baruta.

En los últimos años llevaba un registro y colección de semillas de los más hermosos Araguaneyes de Caracas,  los que sembraba como regalo o tributo en ocasiones especiales (cumpleaños, nacimientos, bautizos, despedidas, etc). Así, algunos árboles en nuestra capital tienen los nombres y apellidos de sus entrañables afectos; pues como siempre decía: "los árboles nos regalan lo único que necesitamos para vivir que es: poder respirar tres veces seguido". En su  propio conuco hoy crecen moringas, araguaneyes, caobas, etc.

Dentro de los últimos proyectos que la llenaron de satisfacción se encuentran: “Árboles para la vida” y “La Magia de los árboles”, que promovió desde la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, y el  Sendero y las Charlas de ecoeficiencia en Topotepuy;  pues expresaban mejores prácticas de manera sencilla y con ello la esencia de su espíritu amoroso y fiel con la naturaleza, la gente y el Creador.

Venezuela pierde una insigne y brillante defensora de la naturaleza, perseverante, generosa y osada en sus ideas, quien siempre apostó con optimismo  a los cambios en el quehacer empresarial, a la Responsabilidad Social con enfoque de sustentabilidad y Ecoeficiencia como única vía saludable y rentable para la empresa, la gente y la naturaleza. Pierde una representante que supo mostrar ante auditorios nacionales e internacionales prácticas desarrolladas en el país como ejemplos a seguir.

Los ambientalistas perdemos su voz incansable, que en todos los medios de comunicación y ámbitos académicos, ciudadanos y familiares divulgaba y enseñaba, de manera sencilla y amena, conocimientos profundos de la aplicación de los ciclos de la naturaleza a las prácticas de la vida cotidiana de las empresas públicas y privadas y sobre todo de las escuelas.

El mundo pierde a una gran colaboradora, generosa en compartir conocimientos, referencias, publicaciones e información para mantenerse y mantener actualizados a sus compañeros y colegas, con el único objetivo de intercambiar ideas, proyectos y prácticas probadas de ecoeficiencia, y protección de la naturaleza que pudieran desarrollarse en el país.

Todos perdemos, físicamente, a una profesional quien apostaba con ahínco a la transformación de las  ciudades para el desarrollo humano sostenible, como ventana de posibilidades para la Venezuela que soñó, una mujer de profunda fe y auténticamente comprometida con el lema de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle: Ad Deum per Naturam  (A Dios a través de  la Naturaleza)

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